Qué hay que llevar en la mochila

Para realizar el Camino de Santiago la mochila debe ser ligera

Si queremos evitar fatigarnos demasiado en nuestra travesía, ir más ligeros y evitar dolores de espalda, nuestra mochila debe pesar lo menos posible. Tenemos que planificar muy bien lo que llevar y analizar bien de qué podemos prescindir. Hay varias cuestiones que debemos considerar al hablar de la mochila del peregrino. Por un lado la elección de la mochila en sí, y por otro la elección y distribución de los elementos en la misma, pero también la estación del año en al que hacemos la ruta. No será igual la mochila de un peregrino en verano que la de un peregrino en invierno. Veamos cada uno de esos apartados detenidamente.

¿Qué mochila elegir?

Vamos a encontrar en el mercado una variedad infinita de modelos de mochila, pero lo importante es que ésta sea cómoda y anatómica, con sujeción a la cadera y hombreras ajustadas, pero también conviene que sea ligera. Hay mochilas que vacías pueden llegar a pesar ya casi los 2 kilos, así que debemos procurar que ésta sea lo más pequeña posible. Además cuanto más grande sea, más cosas tenderemos a meter en ella.

Peso y distribución

La recomendación más popular en cuanto a la mochila es que alcance como máximo el 10% de nuestro peso. Traducido en kilos, suele ser entre 6 o 7 kg. en el caso de las mujeres y 7 u 8 para los hombres.

En cuanto a la distribución, es recomendable colocar los elementos más pesados cerca de la espalda. El saco de dormir estará mejor en el fondo, para que amortigüe todo lo demás. Así mismo, lo que más utilicemos debemos llevarlo en los bolsillo laterales, y en el bolsillo superior del cierre la documentación, la guía, la credencial, etc., y así  poder tener todo más a mano.

Verano o invierno

Nada tendrá que ver la mochila de un peregrino que hace el Camino de octubre a abril, que con la de uno que elige para la ruta los meses de primavera y verano. La primera diferencia tendrá que ver con el saco, que en invierno será mucho más grueso y pesado que en verano, que con un saco tipo sabana será suficiente. La lluvia también es otro condicionante a la hora de preparar la mochila, ya que tenemos que prever que no siempre vamos a poder lavar la ropa, porque tardará más en secarse y por tanto necesitaremos llevar más prendas que en meses más secos.

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    Si queremos evitar fatigarnos demasiado en nuestra travesía, ir más ligeros y evitar dolores de espalda, nuestra mochila debe pesar lo menos posible. Tenemos que planificar muy bien lo que llevar y analizar bien de qué podemos prescindir. Hay varias cuestiones que debemos considerar al hablar de la mochila del peregrino. Por un lado la elección de la mochila en sí, y por otro la elección y distribución de los elementos en la misma, pero también la estación del año en al que hacemos la ruta. No será igual la mochila de un peregrino en verano que la de un peregrino en invierno. Veamos cada uno de esos apartados detenidamente.

    ¿Qué mochila elegir?

    Vamos a encontrar en el mercado una variedad infinita de modelos de mochila, pero lo importante es que ésta sea cómoda y anatómica, con sujeción a la cadera y hombreras ajustadas, pero también conviene que sea ligera. Hay mochilas que vacías pueden llegar a pesar ya casi los 2 kilos, así que debemos procurar que ésta sea lo más pequeña posible. Además cuanto más grande sea, más cosas tenderemos a meter en ella.

    Peso y distribución

    La recomendación más popular en cuanto a la mochila es que alcance como máximo el 10% de nuestro peso. Traducido en kilos, suele ser entre 6 o 7 kg. en el caso de las mujeres y 7 u 8 para los hombres.

    En cuanto a la distribución, es recomendable colocar los elementos más pesados cerca de la espalda. El saco de dormir estará mejor en el fondo, para que amortigüe todo lo demás. Así mismo, lo que más utilicemos debemos llevarlo en los bolsillo laterales, y en el bolsillo superior del cierre la documentación, la guía, la credencial, etc., y así  poder tener todo más a mano.

    Verano o invierno

    Nada tendrá que ver la mochila de un peregrino que hace el Camino de octubre a abril, que con la de uno que elige para la ruta los meses de primavera y verano. La primera diferencia tendrá que ver con el saco, que en invierno será mucho más grueso y pesado que en verano, que con un saco tipo sabana será suficiente. La lluvia también es otro condicionante a la hora de preparar la mochila, ya que tenemos que prever que no siempre vamos a poder lavar la ropa, porque tardará más en secarse y por tanto necesitaremos llevar más prendas que en meses más secos.

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      About the author

      Pablo

      Soy periodista, operador de cámara y realizador de televisión, pero también soy peregrino y hospitalero. Si quieres contar tu experiencia o anécdota sobre el Camino de Santiago puedes hacerlo desde este formulario. Muchas gracias y buen camino!

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