Una auténtica metáfora de la vida misma.

Para mí el Camino de Santiago es una auténtica metáfora de la vida misma, condensada en unos pocos días o semanas, dependiendo del reto personal de cada uno. Ese fluir de acontecimientos que transcurren durante nuestra estancia migratoria en los caminos del viejo apóstol, creo que es una auténtica alegoría de nuestra existencia, tanto la que hemos dejado atrás como la que está  por venir.

En el camino, cada día tienes que moverte de un lugar a otro, de un albergue a otro, aunque siempre manteniendo una única dirección, la de Santiago; tal como ocurre en la vida, que sufrimos continuos cambios y avatares, pero que debemos de intentar ser siempre fieles a nuestra esencia y dirigir nuestros objetivos y anhelos hacia donde realmente queremos ir.
En cada albergue en el que dormimos, en cada pueblo que cruzamos, en cada tramo del camino que pisamos, e incluso en cada bar o chiringuito que nos sentamos a tomar un refresco o cervecita, puedes encontrar un auténtico crisol de gentes de todo el mundo, con sus culturas e idiomas, con sus peculiaridades y sus encantos, de la misma forma que a lo largo de nuestra vida conocemos gente de todo tipo, ya sea por trabajo, afición, etc., y de la misma forma que ocurre en el camino, con unos tienes más afinidad y te aportan más que otros.

Haciendo el Camino encuentras paz interior, admiras la belleza del mundo, contemplas y saboreas los diferentes paisajes que se nos van presentando mientras caminamos, no siendo mejor unos que otros, sino todos especiales a su manera. Y no debería ser necesario hacer el Camino para poder gozar del placer y del privilegio que es la vida.

Pero el Camino también es duro, exige lo mejor de nosotros, y no nos lo pone fácil. Largos caminos en medio de grandes llanuras sin sombra, con altas temperaturas, nos hacen pensar constantemente si no deberíamos de haber llevado menos trastos en nuestras mochilas. Pero al final del trayecto, la recompensa de una buena ducha, agradable conversación y un buen yantar de la zona, hacen que las penurias del camino se conviertan en nuestra mente casi en agradables paseos llenos de anécdotas. Igualmente, todo aquello que nos cuesta alcanzar en la vida se saborea de una forma mucho más especial que aquello que se nos da sin más.

Finalmente, cuando toca la hora de abandonar esta vida itinerante notas como a pesar del cansancio y de las penurias sufridas, de las heridas y bambollas en los pies, las recompensas obtenidas son tan grandes que casi te sientes enganchado al Camino, y durante un tiempo, de vuelta a tu vida habitual, te sientes desorientado, nostálgico, y sobre todo, con ganas de volver a caminar el próximo año por las extraordinarias tierras del Apóstol Santiago. Para mí, esta parte final sirve de analogía con la propia vida y muerte, la cual, cuando nos llegue (espero q dentro de mucho) nos hará entender lo bello que es vivir.

Hector López Fernández

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    Para mí el Camino de Santiago es una auténtica metáfora de la vida misma, condensada en unos pocos días o semanas, dependiendo del reto personal de cada uno. Ese fluir de acontecimientos que transcurren durante nuestra estancia migratoria en los caminos del viejo apóstol, creo que es una auténtica alegoría de nuestra existencia, tanto la que hemos dejado atrás como la que está  por venir.

    En el camino, cada día tienes que moverte de un lugar a otro, de un albergue a otro, aunque siempre manteniendo una única dirección, la de Santiago; tal como ocurre en la vida, que sufrimos continuos cambios y avatares, pero que debemos de intentar ser siempre fieles a nuestra esencia y dirigir nuestros objetivos y anhelos hacia donde realmente queremos ir.
    En cada albergue en el que dormimos, en cada pueblo que cruzamos, en cada tramo del camino que pisamos, e incluso en cada bar o chiringuito que nos sentamos a tomar un refresco o cervecita, puedes encontrar un auténtico crisol de gentes de todo el mundo, con sus culturas e idiomas, con sus peculiaridades y sus encantos, de la misma forma que a lo largo de nuestra vida conocemos gente de todo tipo, ya sea por trabajo, afición, etc., y de la misma forma que ocurre en el camino, con unos tienes más afinidad y te aportan más que otros.

    Haciendo el Camino encuentras paz interior, admiras la belleza del mundo, contemplas y saboreas los diferentes paisajes que se nos van presentando mientras caminamos, no siendo mejor unos que otros, sino todos especiales a su manera. Y no debería ser necesario hacer el Camino para poder gozar del placer y del privilegio que es la vida.

    Pero el Camino también es duro, exige lo mejor de nosotros, y no nos lo pone fácil. Largos caminos en medio de grandes llanuras sin sombra, con altas temperaturas, nos hacen pensar constantemente si no deberíamos de haber llevado menos trastos en nuestras mochilas. Pero al final del trayecto, la recompensa de una buena ducha, agradable conversación y un buen yantar de la zona, hacen que las penurias del camino se conviertan en nuestra mente casi en agradables paseos llenos de anécdotas. Igualmente, todo aquello que nos cuesta alcanzar en la vida se saborea de una forma mucho más especial que aquello que se nos da sin más.

    Finalmente, cuando toca la hora de abandonar esta vida itinerante notas como a pesar del cansancio y de las penurias sufridas, de las heridas y bambollas en los pies, las recompensas obtenidas son tan grandes que casi te sientes enganchado al Camino, y durante un tiempo, de vuelta a tu vida habitual, te sientes desorientado, nostálgico, y sobre todo, con ganas de volver a caminar el próximo año por las extraordinarias tierras del Apóstol Santiago. Para mí, esta parte final sirve de analogía con la propia vida y muerte, la cual, cuando nos llegue (espero q dentro de mucho) nos hará entender lo bello que es vivir.

    Hector López Fernández

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      One Comment on “Una auténtica metáfora de la vida misma.

      1. Jose Miguel Lopez Fortes

        Para mi hacer el Camino supuso el desprendimiento físico, psíquico y material de todo lo cotidiano para disfrutar de una vida contemplativa, austera y despreocupada en compañía de otros caminantes con una aptitud muy similar, lo que dio lugar a espléndidos e inolvidables momentos que solo en esas circunstancias se podrían haber realizado ya que es la condición de PEREGRINO la que prima sobre todo lo demás. Un beso.

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